5/09/2006

Estreno


PRIMA


Música de fondo, suave y de ritmo casi imperceptible; es lo primero que necesitas. Su melodía se desplazaría ondulante por todo el escenario, entre nosotros. Finalmente terminaría adherida al telón.

Son tan viejos estos teatros.

Tienes que preocuparte de los detalles. Es preciso que no falte nada sobre el tablado: los sillones, la mesa de centro, los adornos, la chimenea -no importa que ésta sea de cartón piedra-; siempre has pensado que las casas sin chimeneas son inverosímiles.

SECONDA

Por unos segundos te complace observar el escenario listo. La música te rodea. Confirmas que es imprescindible una correcta iluminación. Debes ordenar que iluminen en especial el flanco derecho. Quieres mucha luz ahí; deseas dar la sensación de rayos solares penetrando a través de las ventanas que tú sabes que están enrejadas y cuyos motivos semejan volutas de color negro.

Ahora sólo resta esperar a la única actriz: Rebeca. Fue una buena elección; debe estar acabando de vestirse. En cambio tú ya te hallabas vestido desde hace una hora: el mismo saco marrón y la camisa blanca, sin corbata, claro está.

Rebeca ingresa al escenario con displicencia y, en cuanto le hablas, ella cambia de expresión; atiende debidamente tus instrucciones. Le dices que la representación es breve, durará unos minutos. Le das sus líneas y le indicas que lo tiene que decir con un débil acento italiano; muy pausado y grave. Por último, dos detalles más: está enferma y se llama Angela.




TERZA

(Se corre el telón y nadie necesita entrar en el escenario; los necesarios ya están ubicados)

Angela (Irónica. Mirando al sol): Mi madre dice que estoy muriendo ¿Tú me dirías lo mismo?
Tú (cerca de la chimenea): Que lo diga no resuelve nada. Prefiero no pensar en eso, si tú me lo permites.
Angela : Por supuesto, no debes preocuparte más de lo necesario. Sólo que me parece que es demasiado pronto para borrarlo de tus pensamientos.
Tú (observando la bata de dormir de Angela): Deberías cuidarte, seguir tu tratamiento.
Angela : Sí que lo hago... (avanza hacia ti) ¿Sabes? Esta mañana, al tomar mis pastillas, sentí que me había acostumbrado al agua fría. No quiero tomar otra cosa. Todo el día bebo agua fría... (ríe) ¿Quieres que te dé un beso?
Tú : No hables así, por favor.

(Ella aguarda. Luego se deja caer en el sillón, inclina la cabeza hasta sus piernas y reposa el mentón en sus rodillas. Das unos pasos hacia ella y tu sombra la cubre por completo)

Angela (arrepentida): Lo siento... Mejor no me hagas caso... O mejor aún, sólo atiende a mi lado noble y resiste.

(Sales del tablado, la dejas sentada y pides que apaguen todas las luces)


Telón